Crónica de la concentración del 18 de diciembre

Como ya sabéis, desde principios de noviembre el circo Quirós tiene montadas sus carpas en Madrid. Este año no traen tigresas ni elefantas, tras tantos años pregonando que eran parte de su familia se han desecho de ellas por motivos económicos a la primera de cambio. Quién iba a decirlo…

Ahora vienen con caballos, camellos y llamas, animales que quedan desprotegidos por el nuevo marco legal, que si bien ha sido definitivo para la eliminación de los espectáculos con animales salvajes (lo cual es sin duda un duro golpe en el bolsillo de los circos especistas), se está mostrando como insuficiente para garantizar protección a todos los animales, independientemente de la catalogación que se les asigne.

Por ese motivo, y como ya prometimos, volvimos a concentrarnos frente a sus puertas, en la que ha sido la segunda protesta que han tenido que recibir esta temporada. Esta vez aparecimos a las 18h, con la intención de que nos vieran durante el cambio de turno entre sesiones. Sabíamos que el sábado de antes de navidad es uno de los días más fuertes de la temporada de circos, así que más gente escucharía nuestra postura. También de algún modo aguaríamos un poco la fiesta a los explotadores en una de sus mejores jornadas del año.

El número de manifestantes no fue elevado, pero sin duda la actitud de cada una fue inmejorable. Desde el primer minuto hasta que quedó desconvocada la concentración no hubo un solo minuto de silencio, y eso se nota. El circo Quirós intentó tapar nuestros gritos utilizando su megafonía, una estrategia que sin duda no les funciona. Lemas cantados, pancartas, carteles, comunicados leídos con megáfono, y una presencia policial desproporcionada (4 furgonetas de antidisturbios), hicieron que las familias que salían y, sobre todo, las que hacían cola para entrar al circo tuvieran que digerir el mensaje antiespecista.

De allí nos marchamos con alegría por ese motivo y también por cada una de las personas que se acercó a protestar en esa fría tarde de diciembre en la que tanta gente abarrotaba centros comerciales y bares. También nos marchamos con rabia por los animales que allí se quedaban encerrados en contra de sus intereses, al igual que tantos otros que siguen encerrados en laboratorios, granjas o zoos.

El circo con animales y todas las formas de explotación animal deben convertirse en algo del pasado. Luchemos con fuerza en el presente para que pueda ser una realidad en el futuro.

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