Circos, leyes y animales en Madrid

El pasado 31 de enero de 2017 llegaba la noticia de que se aprobaba en el pleno del Ayuntamiento de Madrid la prohibición de exhibir animales salvajes en los circos. Sin embargo, lo que realmente se estaba preparando era la redacción de una ordenanza municipal. Dos años y dos meses después, la ordenanza ha sido aprobada.

Siguiendo las recomendaciones de la Federación Veterinaria Europea y la Declaración Universal de los Derechos de los Animales que sostiene que “todo animal salvaje tiene derecho a vivir libre en su propio ambiente natural”, y así como la Unesco que también prohibió en 1978 la explotación de los animales con un fin lúdico, el Ayuntamiento de Madrid ha conseguido sacar adelante la nueva ley que prohíbe los circos con animales. En esta nueva ordenanza se afirma que las instalaciones circenses itinerantes no respetan el bienestar animal al no tener la capacidad de satisfacer las condiciones fisiológicas, mentales y sociales de los animales y se da a los circos el plazo de un año para adaptarse a esta nueva medida.

Han sido años de espera y dudas, haciendo este proceso largo e incierto. Finalmente, la modificación de la ordenanza Reguladora de Tenencia y Protección de los Animales que se realizó el pasado mes de marzo de este año ha conseguido desatascar, sacando una nueva versión de la ordenanza que recientemente ha entrado en vigor.

Una victoria que sin lugar a dudas celebramos porque supone un freno a una forma de explotación animal y que nos hace confiar en que la sociedad está cambiando su manera de concebir el ocio sin el sufrimiento de otros. Pero tras la alegría y el entusiasmo, no debemos aflojar los lazos de lucha que hemos construido en todos estos años reivindicando frente a la puertas del circo, porque todavía quedan claros y oscuros en las pistas de los circos que siguen insisiendo para volver a instalar sus carpas y jaulas.

Con la capital, la Comunidad de Madrid cuenta ya con 66 municipios declarados como libres de circos con animales, como Leganés, Alcobendas, Móstoles o Getafe. Todas suman a la hora de alcanzar nuevos escenarios legales y elevar a un rango mayor esta ley, como ocurre ya en otras comunidades autónomas que desde 2015 llevan sumándose a esta prohibición. En total son ya siete con Aragón desde el pasado 7 de febrero de este año como última incorporación. Pero en el Estado español sigue existiendo un vacío legal en cuanto a maltrato y la explotación animal ya que relega la responsabilidad en las comunidades autónomas, variando en cada una de ellas una normativa diferente, muchas veces similar, pero no unitaria y marcando diferentes matices en cada caso. Nuestro triunfo es solo una batalla ganada, pero para nosotras el conflicto continúa hasta vaciar todas las jaulas.

Esta nueva normativa deja explícito el adjetivo de itinerante a la hora de definir el espectáculo, dejando fuera otro tipo de exhibiciones.

No podemos olvidar que tras los muros de zoológicos hay miles de animales que viven encerrados y que muchos de ellos son obligados a realizar números para animar a los visitantes que bajo la idea de educación y conservación pagan por ver a delfines bailar. Para nosotras no hay diferencias con las pistas de los circos, y es por eso que esta ley que prohíbe los circos con animales se nos queda corta, se nos queda blanda.

Entendemos que los procesos legales llevan sus pasos, sus tiempos y un lenguaje en el que acotan y determinan una realidad que cada día es más innegable que está cambiando a favor de los animales. Pero también genera frustración y desánimo ver como en algunas ciudades los circos con animales son prohibidos pero, por competencias autonómicas, esta decisión se anula y los circos vuelven una vez más a pesar de las restricciones o se sitúan en los límites territoriales con el fin de evadir estas normativas. Otras veces las bordean incorporando animales domésticos, como ocas o caballos en lugar de tigres y elefantes, ya que la ley solo se refiere a los animales salvajes. Es por eso que, a veces, este entorno legislativo se nos atasca a muchas personas de a pie y nos cuesta entender qué es lo que pasa, por qué existen estos vacíos, lagunas y socavones que hacen que no pueda existir una sola ley a nivel estatal como ocurre en muchos países y acabar con un negocio sustentado en el sufrimiento y en la explotación, cruel e innecesario para nuestro ocio y forma de vida.

A este complejo marco legal, hay que añadir un elemento más a tener en cuenta: el factor económico. En esta atmósfera de rechazo a este tipo de espectáculos cada día más creciente, el negocio del circo va notando la caída de sus ingresos y del número de espectadores, siendo cada vez más frecuente el regalo de entradas o descuentos en cupones de oferta para intentar captar a algún despistado. Pero sabemos que si sus ingresos son cada día menores, llegará el día en que tengan que colgar el cartel de cerrado por propia decisión . En este sentido, la prohibición de explotar animales salvajes puede suponer un duro golpe a un negocio ya bastante debilitado, pues la exhibición y utilización de elefantas, leonas, hipopótamos y demás animales considerados exóticos o peligrosos, suponen el principal gancho de la mayoría de circos. Seguramente a ver números con caballos o perros acudiría mucha menos gente, pero tampoco nos parece del todo buena idea abandonar esa decisión a la habilidad creativa y comercial de los empresarios de circo.

Además, nuestra esperanza y verdadera creencia reside en que el mayor rechazo a este tipo de espectáculos llegará cuando todo el mundo sea consciente de la crueldad y sufrimiento que esconden tras luces y música. El circo no volverá a ser divertido hasta que cambie realmente y sea consciente de que lo que hacen está mal. Las leyes que obliguen y repriman nunca podrán eliminar por completo el abuso mientras exista gente que no entienda que los animales deben ser libres. Es por ello que, para construir un mundo mejor, la educación y la concienciación deben convivir con estas leyes que van rigiendo nuestra sociedad.

Nos gustaría poder celebrar esto como una victoria porque parece que las cosas van cambiando y va mejorando la situación para los demás animales. Pero no podemos dejar de pensar que esto es solo una ilusión y que se prohíban los circos con animales salvajes, así sin más, deja muchas cosas en el aire que nos preocupan. ¿Qué va a pasar con esos animales? Ahora que ya no se va a poder obtener un beneficio económico de ellos, ¿quién se va a responsabilizar de sus cuidados? ¿Qué va a ser de sus vidas? ¿Serán vendidos a un zoo? ¿O a un millonario para que los tenga de exposición como un objeto exclusivo de lujo? Abandonarlos a su suerte no es ético ni responsable. Si de verdad importa la vida de esos animales lo justo sería garantizarles un nuevo hogar, donde puedan vivir dignamente el resto de sus días, lugares habilitados para ellos como refugios, reservas o santuarios.

Otra preocupación que nos invade son los animales que no se consideran salvajes y que siguen siendo condenados a malvivir en los circos. Caballos, perros, gansos, patos y un largo etcétera de animales denominados domésticos seguirán siendo explotados y encerrados, obligados a hacer trucos y filigranas en contra de su naturaleza y de su voluntad. Estos animales también tienen intereses ¿Qué es lo que les diferencia de los salvajes? Lo que les une es su capacidad de sentir dolor o placer, alegría, tristeza, enfado, rabia, frustración, aburrimiento y apatía. ¿Por qué pensamos que un caballo encerrado va a estar mejor que un tigre? También merecen que se les respete y se les ofrezca una vida digna: sin jaulas, sin órdenes y amenazas. Tienen derecho a vivir en un lugar donde tengan valor por sí mismos y no por el beneficio económico que se pueda obtener de ellos. No es justo que nos olvidemos de ellos.

Ante esta situación no podemos relajarnos, las leyes no son suficiente para defender a los demás animales. Los explotadores solo miran por su beneficios y continuarán haciendo todo lo posible para no cambiar, como estamos viendo estos días donde Circos Reunidos ha denunciado al Consistorio por la última decisión tomada.

Sabemos que las leyes cambian con los gobiernos y lo que se prohíbe en una legislatura luego se puede revocar y permitir en otra. Por todo esto, las personas que luchamos por los demás animales tenemos que seguir trabajando día a día. Visibilizando la situación, concienciando, protestando y exigiendo el respeto que todos los animales se merecen. Obviamente no podemos esperar a que cambien las conciencias individuales de todas las personas para empezar a tratar de evitar las agresiones, pero es importante mantener ese horizonte. Creemos que el cambio de verdad llegará cuando la sociedad en general se conciencie de que el especismo no es una opción ética, cuando la gente entienda que encerrar, explotar y asesinar a los demás animales para cualquier fin humano no está bien.

Cada vez somos más personas concienciadas y más personas formando parte del movimiento de liberación animal. Estamos en un momento histórico en el que no hay marcha atrás, nuestra energía, nuestra motivación y nuestra fuerza colectiva es imprescindible para avanzar hacia un mundo mejor.

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