YO NO ME DIVIERTO CON EL SUFRIMIENTO

Detrás de cada truco que vemos en la pista del circo, hay toda una historia de sufrimiento físico y psicológico. Independientemente de las condiciones y de las técnicas que se utilicen para entrenarlos, los animales en el circo son tenidos como propiedades, explotados como meros recursos, esclavizados y expuestos como objetos para nuestro entretenimiento.

El 27 de diciembre de 2015, a las 18:00, en la C/Silvano 108, nos concentraremos frente al Gran Circo Mundial para hacer llegar a las personas que acuden al espectáculo el sufrimiento que se oculta detrás de su diversión y la injusticia que esto supone. Entre los muchos animales no humanos que explota el Gran Circo Mundial, destaca la historia de las elefantas. Puedes leerla completa, y conocer otras historias en nuestra sección “Por quién” y en el blog “quererlalibertad“.

En mayo de 2013, una organización denunció la presencia en circos del estado español de 13 elefantas asiáticas nacidas en estado salvaje. Las elefantas que obligan a actuar en el Gran Circo Mundial; Susi, Jenny, y sus compañeras Kato y Bully, estaban entre ellas. Aunque consideramos que cada una de estas 13 elefantas como individuo que siente y sufre las consecuencias del cautiverio es más relevante que la especie en la que hayan sido clasificadas, es interesante señalar que el elefante asiático es una especie en peligro de extinción y está expresamente prohibida su captura. La disminución de su población está en gran parte causada por su utilización para espectáculos de todo tipo.

Según la base de datos www.elephant.se, Susi nació en estado salvaje en un lugar indeterminado del continente asiático en 1971. Jenny lo hizo en 1973. Cuando llegaron a su primer centro de explotación, el Austen Cottle Circus, sólo tenían uno y tres años respectivamente. Las crías de elefante pueden mamar hasta los cinco años de edad, lo que significa que las pequeñas Susi y Jenny fueron arrancadas literalmente de su madre, y separadas de su manada. Aunque no existen datos de cómo fueron su captura y su traslado, nos podemos hacer una idea a partir de lo que se muestra en este vídeo -teniendo en cuenta que las elefantas de las que hablamos habrían sido atrapadas hace 40 años, cuando existía aún menos control sobre el número y las condiciones de las capturas-:

Kato y Bully debieron de correr una suerte parecida. Según la misma base de datos, ambas nacieron libres en 1968, y también comenzaron su “carrera” en un circo británico (Billy Willson Smart). Todas ellas fueron adiestradas mediante un método denominado “free contact”, probablemente el más severo de los existentes, que consiste en que el entrenador se erige en individuo alpha de la manada y ejerce el dominio y la coerción sobre el resto. El adiestramiento se inicia cuando la elefanta es un bebé, y dura unos dos o tres años. Actualmente, tanto el Gran Circo Mundial como otros circos que operan en el estado español, niegan que exista ningún tipo de castigo o maltrato físico en sus entrenamientos. Aunque esto fuera cierto, Kato, Bully, Susi y Jenny ya llevaban mucho a sus espaldas cuando llegaron aquí… En la época en la que fueron capturadas y comenzaron sus entrenamientos, era más que frecuente el uso de ganchos y otros instrumentos de tortura para enseñarles a retroceder, a recostarse o realizar trucos. Independientemente de la técnica que se utilice para lograr la actuación, las posturas que toman los elefantes en los espectáculos de circo son altamente lesivas.  Según http://www.water-for-elephants.com/, algunos ejemplos son los siguientes.

El peral (concentración de todo el peso sobre los pies delanteros): ” estas posiciones pueden causar heridas a las articulaciones y a los discos intervertebrales de los elefantes adultos, así como fisuras en las uñas. Cuanto a los ejercicios de equilibrio, esos pueden ser la causa de perturbaciones motores en las articulaciones del codo y de la rodilla”. 

Apoyarse sobre las patas traseras: “Aunque ocasionalmente en la naturaleza los elefantes se levantan sobre las patas traseras para coger altas ramas, este ejercicio en los circos puede conducir a problemas importantes particularmente dolorosos de salud para el animal: hinchazones de las articulaciones,  hygroma y derramamiento alrededor del codo…”

Espectáculo con elefantes en el Ringling Brothers Circus

Sentarse: Hacer sentar a un elefante conduce a una presión excesiva sobre el diafragma que puede causar una hernia. ” En este caso la pared muscular se rompe y los órganos internos son empujados a través de esta rotura. Es un estado grave que puede provocar la muerte si los órganos concernidos por el prolapsus (intestinos, vejiga, útero) sufren una estrangulación y necrosis “.

Susi y Jenny vinieron de Inglaterra acompañadas por su entrenador, Marcel Peters, que previamente había trabajado en el sometimiento de otros animales, como grandes felinos y hasta osos polares. Suponemos que Marcel trajo con él las técnicas que usara allí en su día, fueran las que fueran. Actualmente, las cuatro elefantas actúan a las órdenes de Aurora Papadopaulos (Miss Aurori), quien para entretenimiento del público las obliga en cada show a tumbarse, conducir carruseles, o realizar “sorprendentes equilibrios giratorios a una sola pata sobre pedestales”. Aparte de esto, las elefantas asiáticas realizan una actuación mixta con caballos andaluces, en la que intervienen las hijas gemelas de Miss Aurori.

Una elefanta asiática en libertad, a la edad de Kato y Bully podría tener varias crías. Viviría en una gran manada, junto a la cual recorrería varios kilómetros cada jornada en busca de agua y comida, se alimentaría por la noche y pasaría gran parte del día descansando. Ellas, en cambio, llevan 40 años viviendo en camiones y haciendo trucos sobre un pedestal. Se les ha negado la posibilidad de vivir y relacionarse según su naturaleza. Y, más aún, les han sido arrebatadas a su comunidad. Está probado que la estructura social de los elefantes es muy compleja, y que echan en falta a los individuos que pierden, sea por la razón que sea.  Las madres de estas elefantas las gestaron durante 22 meses, y aún las estaban amamantando cuando se las llevaron. No sería de extrañar que, de seguir vivas, siguieran lamentando su ausencia.

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